Sepa bien compañero que los medios pueden decir
muchas cosas. Decir, por ejemplo, se subastan copos de nieve a costa de aplacar
la lumbre de barrio, pródiga emergencia de afrontas y cinceles que para estas
deshoras parece queda solo confinada para infamia de termitas.
Decir, se nos acaban las raciones de certeza, el
mundo afuera es un océano de espejismos, de orquestas sin timón ni comarca, de
profetas pagando aduana, de secuestros de médula, de otra vez arena patrullando
el tiempo y los semáforos y que frente a semejante caos nada resulta más
recomendable que el candado en la garganta y el aplomo reposando detrás del
televisor.
Decir, por ejemplo, a la venta el decoro y el
rostro de patria y atención se reciben créditos y libros de historia, que el
mercado informa entre pompa y guillotina que la ética también sufre de
devaluaciones y en ese caso no hay mejor patrimonio que el sólido capital del
entretenimiento.
Decir entre colmos de próstata y afiches de
temporada al carajo el tumulto y la sospecha cartesiana que a su orden ponemos
al excéntrico espectáculo del ultraje, traiciones y cinismos servidos en
bandeja de plata, eso sí antes prometa lealtad y desentiéndase de su amante
gaviota y de su compadre fresno, del rayo hermano y la memoria de ave fénix,
repliegue sus instintos solidarios y disponga sus contradicciones, nostalgia de
barro y céfiros, siempre a nuestro cariñosísimo comando.
Decir sin lividez alguna este es el hombre, este
es su venero y este su estuario, estos son sus dilemas imantados, estas sus
controversias, las que ordena el catálogo. Les presentamos el destino disecado,
la idónea balanza para la tertulia, y no hay necesidad de réplica. He aquí al
fin el santuario de azores y desidias, bebed de su inmaculado cántaro y entrad
al reino de los eternamente postergados.
Sepa bien querido compañero, diestros son para
decir, mortero de fraudes y baldones. Largo tiempo llevan cultivando el
contrabando de idilios alienantes, carruaje de sirenas contemporáneas
traficando grilletes por sueños rotos. Pero sepa con esa certidumbre que
nosotros también decimos, sepa con todo esa bravura que aún le crispa los
tendones que también hablamos. Y que esta voz será canto y vergel y albor y
aliento, y será el amor redimido, el feraz estrépito del pueblo y será usted y
yo juntos hilvanando ¡al fin! el tiempo.
Es claro que al final del día es usted quien
decide con que compás se va a la cama. Por favor absténgase de martirizarse con
hecatombes y gravámenes morales. Algo le voy a decir que es cierto, apenas la
caníbal intriga aposte su apetito en el tablero ahí estaré a su lado, con el
abrazo abierto y el tintero blandido, para enarbolar entre iguales el anhelado
cambio de estación.