"...¿De donde un pueblo entero se aprieta la barriga
porque sí?
¿De que raíz de rencor,
de cuanta injuria,
de cuanta revancha detenida,
de cuantos sueños postergados
surge la fuerza hoy?
..."

Jaime Sabines

9.15.2013

Transición

He muerto tantas veces.
Aquí, acuartelado entre jazmines y despedidas.
He sido del silencio y de la oscura mueca de la soledad sin sueño.

¿Cómo salvarme de tus pupilas encendidas, de tu cálido humo de cuchilla silvestre, de tus pasiones carcomiéndome el sigilo? De pronto amar te priva de toda centella, de todo inútil aleccionamiento, dejándote las vísceras hervidas, amargándose como espejos rotos dejados al juicio del temporal.

Como si para curarme de ti me bastaran los orgullos, las hemorragias, los venenos de filosofía.
Como si no me persiguieran los ojos cerrados que susurran tus besos de montaña.
Como si de verdad existieran ganas de escapar de ti y andar el viento sin el alivio de tus corazonadas.
Como si hubieran tropiezos inacabados, como si hubieran suficientes espinas.

Las paredes se achican y se agrandan mientras te pienso, responden a los gemidos que suda tu ausencia apenas dicha. Faltaría que vinieran a mí a colocarme nombres de espejismo, de cáliz agrietado, de perfidia con aroma a sándalo. Que me ahogaran con síndromes de desierto y que me dejaran flotando con el río.

No tengo miedo a morirme.
Venimos a la vida a morir,
cada día, en cada hora, en cada pulso.
Pero da la maldita casualidad que duele.
Que se siente como un frío que te cruza en dos el esqueleto,
que se siente como un látigo que me deshace de letra en letra el compás,
que se siente como un hueco bien hondo que te clama y al que no le queda más que consolarse con su propio vomito.

Lo que olía a dulce precipicio silvestre ahora apesta a gas y marea muerta.
Lo que antes era cantado con desdén ahora se reza con mordazas y lágrimas viejas.
Es falso, lo que antes era es todavía.
Las hecatombes de ayer son las mismas que me acuartelan hoy, que me abrasan.
El insomnio es el mismo, la certeza de saberme solo a la luz de tus mejillas.
El azoro, la lengua que sangra, el tejido, la espuma, la pérdida absoluta de decoro.

Hoy nomas es distinta la muerte,
que está insufrible,
porque te quiero, te quiero, te quiero.