"...¿De donde un pueblo entero se aprieta la barriga
porque sí?
¿De que raíz de rencor,
de cuanta injuria,
de cuanta revancha detenida,
de cuantos sueños postergados
surge la fuerza hoy?
..."

Jaime Sabines

4.30.2012

En la brevedad de un suspiro


En la brevedad de un suspiro nos encontramos,
y traicionamos el itinerario con que el destino añeja sus subastas,
retejemos la hipérbole que secuestra la ambigüedad de la borrasca,
le acuñamos nuevas lágrimas al menguado candil de la cordura,
celebramos la epopeya que yace en el temple de los heliotropos,
le vedamos el tránsito a todos los portazos que integran la órbita del desahucio
que solo recurren a nuestro regazo por terror a espectros disecados.

En la brevedad de un suspiro callan todos los rompecabezas,
todos los cerrojos ceden, los verbos bullen, tiernos síncopes florecen,
se detonan los claustros que presumían ostentar la más nítida alegría
y que en cambio solo servían para lustrar el yerro de Narciso.

Se derrumban las cláusulas con que el colegio de antibióticos se receta
el temblor que ya oprime la válvula de nuestras retinas,
y copulan los náufragos y los dientes de león,
y los mercenarios desertores que dejo tendido el temporal,
y los mecenas cuánticos y otros cantores sin oficio,
y las horas despilfarradas que sin embargo se arrepienten,
y una savia arcaica baña el diámetro del embeleso
embriagando las fracturas que componen el árido relieve del porvenir.

En la brevedad de un suspiro te reconozco, me reconoces
y en esa áurea intimidad, de miradas sin resaca, de indultos sin escombro,
de hostias expiadas en el férvido licor de la noche colapsada,
de cálices y arietes curtiendo el poema del asilo, del dintel,
de usuras traslúcidas, de ebrias osamentas impartiendo misa,
de verdadera lealtad que nos dolemos, que nos deseamos.
                                                                                        
Y sabemos,
entre cinceles y bengalas y mimos y escarnios
que no hay nada más que hacer,
nada más valiente o más artero,
nada más agrícola o mortal
que amarnos.

4.19.2012

Compañera de viaje


Preciso compañera de viaje, de luna licántropa, de morada ecuestre, de bolsillo, dispuesta a lo largo de la bóveda de estrellas reconciliadas, de altercados con el mármol y el ajuste de divisas, de aplausos sin astillas y senos con frenos largamente extraviados. Compinche de unicornios y otros dulces anestesistas, fiel amiga de los encinos y de su conteo taciturno de témpanos y atabales, traviesa de porcelana y del esparto que ciñe la marcha de las sílabas. Entreverada pesadilla de combustión espontanea. Compañera de nudillos tostados en el añejo fuego de la semana santa, de ojerosas estampidas, de anchos puentes de amaranto, de besos sin fe de erratas y claro, de aquella incólume defensa al limonero. Compañera del caucho y los silencios de ensenada, de herida urdida en el concilio de los tuertos, de la terma iracunda oculta a media cuadra, del grillo pastor y de su andar vilano, león al vuelo. Compañera de molino y té de menta, de breviario en fuga y lengua de trópico en el equipaje, de feria de domingo y lunes de huesos sin vendaje, de la nave pérgola ataviada en los jardines de jazmín. Compañera de estrofa criolla y del broquel palpitante del barro más artero. Compañera y halo de plata recorriendo la mugre trampa del ensueño, compañera y espuma de ágata tiñendo el necio guión del humedal. Preciso compañera y tromba, compañera y templo, para enfrentar juntos la rúbea esquirla y así su pelotón de hijos templarios y culminar el trote entre sus cálidos muelles de carmín.