La noticia se esparce. El murmullo ya no es solo
murmullo. La conciencia ya no es solo desdeñada pedrera, reunión de malos
tragos. La conciencia recobra su marchar imbatible y en sus pasos se oye el
temblor de un ultimátum. No más argucias, no más cáusticas quimeras vigilando
el umbral del alba, no más patrañas. Nomas queremos respeto, dignidad frente a
este clamor que se alza.
¿Verdad que es lindo cuando Doña Conciencia
vuelve, ya entre su multitud de coplas y fábulas y cómplices verdaderamente
hermanos, para hacernos limpiar de una buena vez las legañas que nos legaron los
tiempos de lóbrega borrasca, de tiranos imponiendo su óptica de mercancías y desahucios?
¿Verdad que es lindo tomarse un descanso de la infamia impuesta y elegir como blasón
la agrícola rebeldía de la primavera mexicana?
Y mientras los estudiantes hacen bullir el asfalto
entre sonoros anhelos de soles cada día más justos, cada día más prósperos uno
no puede hacer más que intentar hacer partícipe de ese ennoblecedor exabrupto crítico,
estas humildes letras que aunque escritas a una insorteable distancia lejos de
casa contienen toda la voluntad de concurrir en este combativo frenesí
largamente postergado, de sumarse y de fundirse en un espíritu nacional y
generacional consciente y capaz, tal vez menospreciado por los carceleros del albedrío
pero pujante, valiente, que no vacila ni un instante en electrificarnos la
memoria y bañarnos las pupilas en el arcano manantial de la esperanza.
¡Es que este es el año de las metamorfosis! El año
en que el hombre enfrenta el último resabio de cinismo y antifaces. El año en
que la aurora se tiñe de índigo y en que, de afrontarlo, se domará a la humana bestia
que por tanto tiempo nos desterró de nuestros propios madrigales.
Estas son las convicciones de miles de estudiantes
que en franca contradicción a una atmosfera de prejuicios en su contra, de
burlas sin pisca de criterio ni decencia directamente asociadas a su capacidad para
reconocer y comprender la realidad multidimensional de su país (y aún más) han
decidido hacer de su voz, dialogo crítico intersubjetivo y de su reproche,
movimiento multitudinario llamado a reescribir el destino.
Así pues camina la historia. Entre embates de
micrófono y vituperio, entre prosaicos versos de empacho y resignación, entre
aristocracias novísimas de filantropía acolmillada, entre tinieblas infligidas
y discursos de mudez por celebrar, entre malos trompos y veneno debajo de la
almohada, así camina. Y camina porque la dignidad resiste encarnada en esta
afluencia de universitarios que vibran afanosos al ritmo del juicio de la
historia, porque ellos la toman como lámpara y trinchera y porque ella, de
vuelta, les alumbra el camino que habrá de nombrarlos héroes.
Que la defensa
continúe.
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