¿Qué
es la eternidad sino una multitud de instantes?... Acertijos que le interrogan
a uno la conciencia en noches consagradas a la disección de ausencias (como
esta). Pienso. Convengo. Que absurdo es declarar entonces el amor eterno, ¿cierto?
Así como así, de tajo y a manera de escritura. Habría que elegir mejor amarnos
en cada instante, en cada zozobra, en cada desvelo, en cada alud, en cada
atisbo, en cada derroche, en cada arrebato, en todos y cada uno de los
intrépidos momentos de elección que torpedean nuestra existencia… Y así, de
instante en instante, pasito a pasito, ir eligiendo nuestra propia y muy
robusta eternidad.
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