"...¿De donde un pueblo entero se aprieta la barriga
porque sí?
¿De que raíz de rencor,
de cuanta injuria,
de cuanta revancha detenida,
de cuantos sueños postergados
surge la fuerza hoy?
..."

Jaime Sabines

1.31.2012

Reproches


¿Porque nadie te detiene, porque nadie se suma al balance de recelos, de malos augurios, de banderas piratas marcando el trazo del idilio? ¿Porque nadie se inquieta y hace de su instinto hoz de absurdos arrebatos, de remansos plastificados a causa de un sincero despecho a los espejos? ¿Porque nadie se ofende y dispone a someterte a la maternal amenaza de la excomulgación, de la lengua puesta en criogénica distancia hasta que el sentido común tome al fin el timón de la conciencia y haga exiliar bohemias y romances el tiempo que requiera que maduren, que nazca en ellas un suplicio de ojos grandes, el respeto suficiente para condenar la soledad?

¿Por qué nadie confesa la imberbe genética que emana de la búsqueda de insignia o narrativa, la carcajada que arrastra el anhelo de poner el alma a la intemperie, o simplemente que este circo ya no es para alas intrépidas de poesía entre las costillas sino para dientes rapaces, para equilibristas que comprendan que la cuerda no requiere tanta altura?

¿Por qué no se toman el tiempo para injuriar tus alcurnias, para desenmascarar el lecho en que descansa la zozobra, para medrar la supuesta estampida (borrasca, solo borrasca) que guía esta desesperación de aplausos? ¿Por qué no informarte de la indolencia de tus esgrimas, de tus sedantes, hacerte saber, a voz de esbirro o de cigüeña, la calumnia de tu apuesta, el sacrílego azar con que te estás revolcando? 

¿Por qué no hablarlo, con todos los chubascos y las nauseas, los sables y pesadumbres, las pesadillas de oscuro oleaje, a fin de darle templanza al aliento y así evitar el trance de la fiebre andariega? ¿Por qué no hacerlo?

¿O será, más bien, que semejantes advertencias ocurrieron y en verdad soy yo el culpable por blandir una ingenua y sin embargo fatua sordera  que maldijo el tránsito de mis suspiros?

1.24.2012

Al pie de tu tumba, Girondo.


Al pie de tu tumba, querido maestro de la rebelión más pura, más sincera; amo de la metamorfosis y del reino de los contorsionistas, te presento mis dudas y certezas, mis verdes lamentos y gitanas súplicas, mis honores más francos, más disparatados, mis romances rumiantes que se nutren con el eco de tu tinta.

A ti el manto de las cigüeñas, a ti el oscuro bendecir del sol poniente, a ti el crepúsculo del mundo desde donde se canta el menosprecio a los fortines y otros grilletes de fatua cosecha. A ti el verbo latente, dulce néctar que crea compas y sombra, espacio impúdico para aquellos besos ingrávidos que nos recetaste con tanta frecuencia. A ti este pequeño hombre que soy aprendiendo a apoyar las subastas y los delirios en este huerto tan fértil que es la vida.

Oliverio, es imposible caer rendido ante el escarnio de tus letras, ante esas pasiones osadas y sin freno que todavía satinan la verbena de tus versos, siempre inaprensibles, siempre interrogantes, siempre capaces de cubrir la desesperanza con aceite de relámpago y sudor sabor a otoño, trampa perfecta para los paladares infectados de álgebra.

Verdadero espantapájaros de la agonía sin bando, de los cuervos con hambre de pupilas, de los hombres letrados con vómito entre los bolsillos. Te honro al pie de tu tumba y me dispongo a seguirte el rastro con mugres y esgrimas todo lo que me dure este trepidante agitar de fantasmas y fantasías.