"...¿De donde un pueblo entero se aprieta la barriga
porque sí?
¿De que raíz de rencor,
de cuanta injuria,
de cuanta revancha detenida,
de cuantos sueños postergados
surge la fuerza hoy?
..."

Jaime Sabines

11.20.2011

Cuando las mujeres canten


Habrá de temblar el mundo cuanto todas las mujeres alcen la mirada. Cuando juntas hagan de su voz sublime, raudal de ígneos madrigales, un dulcísimo coro que lo transparenté todo, expiación de los ingratos, bálsamo para los desamparados. Cuando el vibrato de sus cuerdas en unísono haga sucumbir en inmaculado escándalo el garbo pernicioso con que han sido sometidos los cierzos de una imaginación de lindes insondables, el fragoso agitar de unas alas provistas desde antes que retumbara en el mundo el rudimento de los atlantes y que entre perfidia circense y nostalgia de ornato, les habían hecho guardar en el baúl de la ignominia. Cuando ellas desparramen su amorosa furia y de ella se desprendan hidalgos torrentes de barro y centellas con humor de guillotina y proclamas de una vehemencia que parecía reservada solo para cuando apremiara en el cosmos algún relevo de elipsis. Cuando resuene su trepidante paso y se atesten de escalofríos y otros cáusticos murmullos los amantes de la discordia, sórdidos idólatras de su sudor raptado, del lucrativo mercadeo de hambres y mañanas, del velo narcótico con que acostumbran enmascarar el sol de marzo. Cuando manden al carajo sus miedos con todo y la botellita de ron vacía, preñada de un trozo de papel sin cómplice, lanzada al mar (o la calle, que es lo mismo) para rogarle al príncipe una dosis amansada de descuello, mandar al carajo el blanco sepulcral que con tanto empeño les imponen los padrinos de celda y que las meretrices y otras rebeldes de zodiaco, disuaden con tanta dulzura, mandar al carajo todos los reparos (incluyendo los míos) que no valen ni un quinto en la medida que no son ellos, aun con toda la cofradía que los ampare, sino ustedes, las que a fuerza de su valeroso andar habrán de forjar sus propias fábulas, las que han de hacer frente a la aciaga opresión de la farmacopea oficialista.

Cuando las mujeres se tomen de la mano y la conciencia, ya verán como en la cónclave de sus femíneas irises es que habrá de erigirse la anhelada aurora sin reductos, sin  paraísos con salas VIP, sin puños blandidos por esperpentos bullentes de infamia, sin escollos que veden el naufragio a otros justos hortelanos, hálitos de la estampida, sin quiromancias talladas en la espina del porvenir, sin romances prostituidos para engorda de pastores novísimos, sin muertes suscritas por adelantado, sin orden del día para el zarpaso de un par de epifanías carmesí.

Cuando las mujeres canten, y sea su eco tan etéreo y facundo, que baste para desarmarnos de artilugios y espejismos…

No hay comentarios:

Publicar un comentario