"...¿De donde un pueblo entero se aprieta la barriga
porque sí?
¿De que raíz de rencor,
de cuanta injuria,
de cuanta revancha detenida,
de cuantos sueños postergados
surge la fuerza hoy?
..."

Jaime Sabines

12.11.2012

Una mirada duele


A veces una mirada duele, sucede de pronto,
como el látigo de una mañana apenas dicha, fría de soledad y marcapasos.
Se va entrando en la piel, en la turbia botánica de uno,
y desde ahí revienta con su multitud de caudales y ninfas merodeando,
con su instinto de cigüeñas y altas dosis de café cargado
dejándole a uno el método maltrecho, pactando rabias, bebiendo tangos.

A veces una mirada duele porque se queda,
porque se instala, traviesa, en el relato de los astros,
porque se ciñe como orquídea a la conciencia de la propia nausea,
de la propia ausencia, del beso y sus dulcísimos naufragios.

A veces una mirada duele porque la anhelo anzuelo,
porque la nombro humedad de uvas y sutil reflejo del bálsamo primero,
porque la muerdo apenas, porque la lloro insomnio,
porque la quiero en serio, no por casta ni por luna ni por verso,
por la pura eternidad del celo, ese de fiebres preñadas, de pudores austeros.

Sucede a veces, jade y tromba, que una mirada duele porque no basta,
porque le faltas tú, y que hago entonces yo, con estas ansias...

9.30.2012

Poema recién calado


Domingo por la tarde y la turbia ausencia de delirio de estampía se tiñe con el gris rostro de un dios ya sin templo y sin silencio. Látigo de las voces inmemoriales, estrépito de las revanchas creídas muertas, gran orquesta que lo extingue todo. Uno recupera su alma débil, bastarda, hambrienta solo bajo el violento encuentro, colérico, implacable de la primigenia agua bendita, no son gotas las que caen, son lágrimas, dagas para arrancarse los disfraces, secretos de las vidas viejas que no dejan de reencarnarnos. Este es el plomo de las deidades, el plomo del néctar de nuestros huesos, el plomo de la primavera, el plomo de la víspera a la cosecha, el plomo de la mirada interna, el plomo. Tomémonos de los miedos y las urgencias y santigüemos al albo río que erguido sobre el cielo nublado invoca el eco de los auténticas angustias, de la intolerable miseria de nuestras raíces roídas. Bañémonos en este álgido festín de centellas y gatillos, y resurjamos… 

6.27.2012

Informe de medios


Sepa bien compañero que los medios pueden decir muchas cosas. Decir, por ejemplo, se subastan copos de nieve a costa de aplacar la lumbre de barrio, pródiga emergencia de afrontas y cinceles que para estas deshoras parece queda solo confinada para infamia de termitas. 

Decir, se nos acaban las raciones de certeza, el mundo afuera es un océano de espejismos, de orquestas sin timón ni comarca, de profetas pagando aduana, de secuestros de médula, de otra vez arena patrullando el tiempo y los semáforos y que frente a semejante caos nada resulta más recomendable que el candado en la garganta y el aplomo reposando detrás del televisor. 

Decir, por ejemplo, a la venta el decoro y el rostro de patria y atención se reciben créditos y libros de historia, que el mercado informa entre pompa y guillotina que la ética también sufre de devaluaciones y en ese caso no hay mejor patrimonio que el sólido capital del entretenimiento. 

Decir entre colmos de próstata y afiches de temporada al carajo el tumulto y la sospecha cartesiana que a su orden ponemos al excéntrico espectáculo del ultraje, traiciones y cinismos servidos en bandeja de plata, eso sí antes prometa lealtad y desentiéndase de su amante gaviota y de su compadre fresno, del rayo hermano y la memoria de ave fénix, repliegue sus instintos solidarios y disponga sus contradicciones, nostalgia de barro y céfiros, siempre a nuestro cariñosísimo comando. 

Decir sin lividez alguna este es el hombre, este es su venero y este su estuario, estos son sus dilemas imantados, estas sus controversias, las que ordena el catálogo. Les presentamos el destino disecado, la idónea balanza para la tertulia, y no hay necesidad de réplica. He aquí al fin el santuario de azores y desidias, bebed de su inmaculado cántaro y entrad al reino de los eternamente postergados. 

Sepa bien querido compañero, diestros son para decir, mortero de fraudes y baldones. Largo tiempo llevan cultivando el contrabando de idilios alienantes, carruaje de sirenas contemporáneas traficando grilletes por sueños rotos. Pero sepa con esa certidumbre que nosotros también decimos, sepa con todo esa bravura que aún le crispa los tendones que también hablamos. Y que esta voz será canto y vergel y albor y aliento, y será el amor redimido, el feraz estrépito del pueblo y será usted y yo juntos hilvanando ¡al fin! el tiempo. 

Es claro que al final del día es usted quien decide con que compás se va a la cama. Por favor absténgase de martirizarse con hecatombes y gravámenes morales. Algo le voy a decir que es cierto, apenas la caníbal intriga aposte su apetito en el tablero ahí estaré a su lado, con el abrazo abierto y el tintero blandido, para enarbolar entre iguales el anhelado cambio de estación.

5.30.2012

No se trata


No se trata solo de una muchedumbre de estudiantes marchando entre un clamor de cambio, se trata del eco ingobernable de un pasado en deuda de dictamen, del verbo de un pueblo engullido por las fauces del escarnio, pródigo en su amanecer escribano resuelto a firmar su propia senda. 
Se trata de la encomienda que bulle desde el corazón de la cuna ensangrentada, patria del légamo y los sauces de donde irrumpen las justas trincheras de arrabal. 
Se trata del perdigón en que se cimienta el auténtico lábaro de la conciencia erguida, huella de atlantes y coronas de laurel. 
Se trata del preámbulo de un novísimo alfabeto que al fin destierre de los campos de cultivo los vocablos de codicia y de terror que mucho tiempo han reinado sobre el festín de la experiencia humana. 
Se trata de la adarga urdida desde el agravio con que se han profanado los misterios de nuestras serranías, el lozano lenguaje de nuestros arroyos y remansos, el célebre hechizo de los bosques de ciprés. 
Se trata del profuso relato de crisálidas que niega incólume toda existencia de murallas y confines que osen ceñir su moraleja de libertad y buenas dudas. 
Se trata del alfanje que empuña el custodio de la historia, piedra inaugural de la derrota del circo de tinieblas que entre mordazas de arrogancia y licores turbios embalsama el porvenir de la esperanza. 
Se trata de una fábula peregrina que viaja así en el tizón de la protesta como en el tacto de cualquier joven camarada que decida plasmar su fértil ímpetu en el algún rincón del nuevo oleaje  (y ojo que la juventud poco tiene que ver con los años, se presenta siempre como un romance de vehemencia, un fragor de huerta virgen, una insolencia de placar). 
Se trata del último acorde del último invierno del último hombre que aposto su gloria en el culto de electros y linajes y olvido por siempre el milagro del amar. 
Se trata de ciento treinta y dos consignas, ciento treinta y dos rebatos que se multiplican con cada letargo interrumpido, con cada puño levantado y que fundan, semillas todas del más elocuente registro de brújulas y cuadrantes, el albor de un territorio floreciente en que hablemos todos sin oprobios ni reproches defendiendo juntos un último bastión: ¡Nunca más!

5.24.2012

La noticia se esparce


La noticia se esparce. El murmullo ya no es solo murmullo. La conciencia ya no es solo desdeñada pedrera, reunión de malos tragos. La conciencia recobra su marchar imbatible y en sus pasos se oye el temblor de un ultimátum. No más argucias, no más cáusticas quimeras vigilando el umbral del alba, no más patrañas. Nomas queremos respeto, dignidad frente a este clamor que se alza. 

¿Verdad que es lindo cuando Doña Conciencia vuelve, ya entre su multitud de coplas y fábulas y cómplices verdaderamente hermanos, para hacernos limpiar de una buena vez las legañas que nos legaron los tiempos de lóbrega borrasca, de tiranos imponiendo su óptica de mercancías y desahucios? ¿Verdad que es lindo tomarse un descanso de la infamia impuesta y elegir como blasón la agrícola rebeldía de la primavera mexicana?

Y mientras los estudiantes hacen bullir el asfalto entre sonoros anhelos de soles cada día más justos, cada día más prósperos uno no puede hacer más que intentar hacer partícipe de ese ennoblecedor exabrupto crítico, estas humildes letras que aunque escritas a una insorteable distancia lejos de casa contienen toda la voluntad de concurrir en este combativo frenesí largamente postergado, de sumarse y de fundirse en un espíritu nacional y generacional consciente y capaz, tal vez menospreciado por los carceleros del albedrío pero pujante, valiente, que no vacila ni un instante en electrificarnos la memoria y bañarnos las pupilas en el arcano manantial de la esperanza. 

¡Es que este es el año de las metamorfosis! El año en que el hombre enfrenta el último resabio de cinismo y antifaces. El año en que la aurora se tiñe de índigo y en que, de afrontarlo, se domará a la humana bestia que por tanto tiempo nos desterró de nuestros propios madrigales. 

Estas son las convicciones de miles de estudiantes que en franca contradicción a una atmosfera de prejuicios en su contra, de burlas sin pisca de criterio ni decencia directamente asociadas a su capacidad para reconocer y comprender la realidad multidimensional de su país (y aún más) han decidido hacer de su voz, dialogo crítico intersubjetivo y de su reproche, movimiento multitudinario llamado a reescribir el destino. 

Así pues camina la historia. Entre embates de micrófono y vituperio, entre prosaicos versos de empacho y resignación, entre aristocracias novísimas de filantropía acolmillada, entre tinieblas infligidas y discursos de mudez por celebrar, entre malos trompos y veneno debajo de la almohada, así camina. Y camina porque la dignidad resiste encarnada en esta afluencia de universitarios que vibran afanosos al ritmo del juicio de la historia, porque ellos la toman como lámpara y trinchera y porque ella, de vuelta, les alumbra el camino que habrá de nombrarlos héroes. 

Que la defensa continúe.

4.30.2012

En la brevedad de un suspiro


En la brevedad de un suspiro nos encontramos,
y traicionamos el itinerario con que el destino añeja sus subastas,
retejemos la hipérbole que secuestra la ambigüedad de la borrasca,
le acuñamos nuevas lágrimas al menguado candil de la cordura,
celebramos la epopeya que yace en el temple de los heliotropos,
le vedamos el tránsito a todos los portazos que integran la órbita del desahucio
que solo recurren a nuestro regazo por terror a espectros disecados.

En la brevedad de un suspiro callan todos los rompecabezas,
todos los cerrojos ceden, los verbos bullen, tiernos síncopes florecen,
se detonan los claustros que presumían ostentar la más nítida alegría
y que en cambio solo servían para lustrar el yerro de Narciso.

Se derrumban las cláusulas con que el colegio de antibióticos se receta
el temblor que ya oprime la válvula de nuestras retinas,
y copulan los náufragos y los dientes de león,
y los mercenarios desertores que dejo tendido el temporal,
y los mecenas cuánticos y otros cantores sin oficio,
y las horas despilfarradas que sin embargo se arrepienten,
y una savia arcaica baña el diámetro del embeleso
embriagando las fracturas que componen el árido relieve del porvenir.

En la brevedad de un suspiro te reconozco, me reconoces
y en esa áurea intimidad, de miradas sin resaca, de indultos sin escombro,
de hostias expiadas en el férvido licor de la noche colapsada,
de cálices y arietes curtiendo el poema del asilo, del dintel,
de usuras traslúcidas, de ebrias osamentas impartiendo misa,
de verdadera lealtad que nos dolemos, que nos deseamos.
                                                                                        
Y sabemos,
entre cinceles y bengalas y mimos y escarnios
que no hay nada más que hacer,
nada más valiente o más artero,
nada más agrícola o mortal
que amarnos.

4.19.2012

Compañera de viaje


Preciso compañera de viaje, de luna licántropa, de morada ecuestre, de bolsillo, dispuesta a lo largo de la bóveda de estrellas reconciliadas, de altercados con el mármol y el ajuste de divisas, de aplausos sin astillas y senos con frenos largamente extraviados. Compinche de unicornios y otros dulces anestesistas, fiel amiga de los encinos y de su conteo taciturno de témpanos y atabales, traviesa de porcelana y del esparto que ciñe la marcha de las sílabas. Entreverada pesadilla de combustión espontanea. Compañera de nudillos tostados en el añejo fuego de la semana santa, de ojerosas estampidas, de anchos puentes de amaranto, de besos sin fe de erratas y claro, de aquella incólume defensa al limonero. Compañera del caucho y los silencios de ensenada, de herida urdida en el concilio de los tuertos, de la terma iracunda oculta a media cuadra, del grillo pastor y de su andar vilano, león al vuelo. Compañera de molino y té de menta, de breviario en fuga y lengua de trópico en el equipaje, de feria de domingo y lunes de huesos sin vendaje, de la nave pérgola ataviada en los jardines de jazmín. Compañera de estrofa criolla y del broquel palpitante del barro más artero. Compañera y halo de plata recorriendo la mugre trampa del ensueño, compañera y espuma de ágata tiñendo el necio guión del humedal. Preciso compañera y tromba, compañera y templo, para enfrentar juntos la rúbea esquirla y así su pelotón de hijos templarios y culminar el trote entre sus cálidos muelles de carmín.

3.22.2012

Me quedas


Me queda tu verano prófugo con sus almacenes de eucalipto y sus puentes de cobre repujado,
me queda tu mirada alegre, de cáliz y serpiente ultramarina, de ojos soleados, de cuarzo,
me queda el murmullo de tus rizos en pleno cotejo de idiomas y acuarelas,
me quedan tus síntomas de prismático, tu enfermedad de abandono y jardín botánico, tu veneno calvo y pedagogo,
me quedan tus misterios de entrelineas, tu romance de ropero, de chamán, de herida de hierba, soga de azufre,
me quedan tus sueños orfebres, tus días de roja y amatista, tus edades de volcán o ligera de muelles, tus flechas más plenas, tus resabios de cronista.

No me malentiendas.
Sé que te fuiste,
que te disolvió el viento o alguna demora de vitrina,
que te recluto el prestigio, la corte de satín y pastorela,
que partiste en la hora más ancha del método,
en el año más endeble, en el segundo más austero,
en la milla más álgida, en el centímetro más estrecho.
Sé.

Y sin embargo aquí me quedas con tu línea de fuego apuntando al duro sello de mis anclas,
me quedas con tu lujuria de niebla, de libélula viuda, de arrozal tendido sobre la piel madura del diván. 
me quedas con tu maldad ferrosa, de arpón gregario perfumado por el vértigo de las tardes de lluvia,
me quedas siempre con tu acertijo incendiario, quizás renga nostalgia de coníferas o amor de verdad interoceánico.

Y así persistes, a costa del verbo de un temporal sin árbitro, a falta de carne lúdica o de algún rincón oscuro para encararnos las ficciones. Así me quedas.