¡Mira
tortuga! ¡Mira!
¡Tornados
de lujuria hospitalaria,
singulares
cataclismos que emanan de la voracidad del crepúsculo,
insurrectos
apiadándose de las grietas que dejo el desamor,
ternuras
grabadas en piedra para memoria de los que llegaron tarde,
alquimistas
deliciosamente ineptos en el estudio de la geometría,
monarcas
de cavernas impúdicas,
nostalgias
que beben a cantaros de nuestras intermitencias,
pentagramas
lo suficientemente solidarios como para alentar la radicalización de nuestras
pupilas,
mandrágoras
bonachonas con promiscuidad de invertebrado,
auroras
capaces de hacer colisión espléndida con fantasmas, cascabeles y sortilegios,
expertos
artesanos de las sonrisas indelebles,
flores
silvestres gozando con el mimetismo de la faltas de ortografía o los besos
fugaces!
¡Mira!
¡Nos celebran! ¡Que lindos son recordándonos a pesar de las ausencias y los
descalabros!
¿Cómo
no vivir enamorado de ese magistral delirio que habita en todas sus arterias y
en todas sus luciérnagas?