"...¿De donde un pueblo entero se aprieta la barriga
porque sí?
¿De que raíz de rencor,
de cuanta injuria,
de cuanta revancha detenida,
de cuantos sueños postergados
surge la fuerza hoy?
..."

Jaime Sabines

5.10.2011

Dolor y demanda

Como no dolernos la sed y el hambre;
Ese infame agujero en el estómago que padecen en las sierras, en los desiertos, en las cavernas, en las endiabladas urbes.

Como no dolernos su cansancio;
Roca lapidaria que arrastran día tras día, enterrándolos, sometiéndolos al precipicio innombrable.

Como no dolernos su impotencia;
La abismal distancia entre los poderosos, militantes del sadismo, redentores oscurísimos, carniceros de ética renombrada con los otros, los míos, los bastardos,  los que bailan con la vida y con la muerta y carcajean, los de la aureola celeste, los ecos del ímpetu y las estrellas.

Como no dolernos sus cicatrices, sus llagas;
Que no les basta con imprimirse sobre la piel, que en ocasiones duelen más dentro, en el hígado, en los pulmones, en el corazón, en el alma.

Como no dolernos su incertidumbre;
El desasosiego cotidiano, la mortificación que habita los días oscuros en donde no alcanza, sencillamente no alcanza y el nacimiento es ya un asunto reprochable.

Como no dolernos las blasfemias;
Las lenguas de serpiente tóxica, las instigaciones consuetudinarias con que el pueblo es violado, supeditado que porque no tiene el carácter. Que porque en este mundo con las ganas bastan.

Como no dolernos la infausta cerrazón;
Las miradas cobardes que voltean hacia otro lado, las conciencias de aparador y ornato, los pocos huevos, los célibes del grito y del honor más cristalino. ¡Que se los juro! ¡Que hay niños que encuentran la muerte en cada hora por ser culpables de ser pobres!

Como no dolernos las huellas que les deja esta puta vida ineludible;
Las pequeñas muertes diarias. Son las ojeras indispensables por los dobles o los triples turnos. Son las espaldas quebradas por la carga de demasiados costales y demasiadas penas. Son los cuerpos sonámbulos, devastados por cánceres infligidos, que se levantan solo con la fuerza del amor a sus hermanos, esposas, madres e hijos.

Como no dolernos sus lágrimas;
Derrochadas en desvelos solitarios, tan solos que hasta Dios luce distante. El llanto, con su puño implacable, es la única forma que encuentran para conciliar el sueño, abrumados por la violencia torcida que los espera a la mañana siguiente.

Como no dolernos la sentencia con tintes definitorios;
Impuesta por los jueces impuestos que dicta “científicamente” que la pobreza es una característica natural en este universo deforme y corrupto. Y que las otras posibilidades son absurdas y que la crítica y la resistencia son delito.

Quisiera que me dejara de doler a mí pero quiero más que les deje de doler a ellos. Ya estuvo bueno. ¡Ya basta!

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