"...¿De donde un pueblo entero se aprieta la barriga
porque sí?
¿De que raíz de rencor,
de cuanta injuria,
de cuanta revancha detenida,
de cuantos sueños postergados
surge la fuerza hoy?
..."

Jaime Sabines

5.03.2011

No permitas

No permitas que el fulgor que emana de mis puños deje de desbordarse en el umbral de los crepúsculos, o que los ancianos dejen de columpiarme en sus brazos de sabiduría y mimbre, o que deje de distinguir las incontables texturas que habitan en el canto del rocío o que concluyera penosamente que en el mundo andan escasos los milagros.

No permitas que deje de hacer inquisición de todos mis prejuicios en todos mis días, o que sea tentado a olvidar el gozo de las innumerables tonalidades de la bóveda celeste, o que deje de extrañar el sazón exacto de mi abuela Julia, o que deje de sentirme sombrío cuando en mi camino cruza uno de esos rubíes bastardos que son los niños de la calle.

No permitas que figure como otro de los cobardes de moral incuestionable que necesitan de un juglar gordo de traje rojo para entregarle un regalo a sus hijos, o que olvide la nostalgia que habita en el arrullo de las olas, o que deje de rabiar por el aroma exquisito del estiércol que tiene inundado a los centros comerciales, o que deje de indignarme con las flores de plástico, las dignidades de ornato y los partidos de derecha.

No permitas que algún día, después de enfrentar la cal de la miseria, el hambre y las cadenas comience a tolerar de poco en poco las fauces insaciables de los grandes capitales, o los versos de ficción que entonan tan religiosamente los economistas, o los muertos por gripe en África, o la resequedad en las arterias, o la devoción por los misioneros y profetas, o el Amazonas en crisis de raíces y enigmas, o la desconfianza en el bendito pueblo, o el libre mercado con letras pequeñitas.

No permitas que abandone mi conmoción por la venta de metros cuadrados en la luna, o que extravíe el jardín de susurros que me heredo Carpentier en su penúltima visita, o que alguna lágrima se derrame a causa del espejismo de la compasión en las violaciones contemporáneas, o que halle desconsuelo en el naufragio de la resistencia, o que deje de inspirarme inagotablemente en la labor de las cortesanas, o que la rebeldía aguarde al florecimiento de los augurios mientras que de su éxtasis y su ternura solo quede huella en algún ínfimo libro de historia. 

No permitas, corazón mío, que todo este suicidio acontezca y se ahogue el resplandor del más antiguo sendero, y sigue bombeando en mis torrentes esta locura infinita a la que rindo homenaje, de la que soy peregrino, combatiente, amigo, guardián, confidente, hermano y grito, y con la que soy, aun en la tiranía que asedia nuestros días, hombre genuino y eterno. 


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