"...¿De donde un pueblo entero se aprieta la barriga
porque sí?
¿De que raíz de rencor,
de cuanta injuria,
de cuanta revancha detenida,
de cuantos sueños postergados
surge la fuerza hoy?
..."

Jaime Sabines

2.10.2012

El grito más fuerte


De la milpa mestiza de la que mame lengua y alquimia me visita el eco de un clamor en luto, de un grito tan inflamado de cólera como de justicia, que no duda ni un instante en sacudirme la condolencia de cuadrantes y recordarme que la réproba cruzada emprendida hace más del millar de soles sigue marchitando, con su peste de plomo y su dieta de amnesia, las calles, las casas y los socorros mexicanos. Esta guerra espuria, auspiciada por el sacro imperio de la libertad a fuerza de deudas y balazos ya nos ha costado, según decretos de leprosa credibilidad, más de cuarenta mil compatriotas (los que aun lloran la carne desaparecida de los suyos, sea por el horror de la bestia desatada o la desidia de los ministerios de paja, aseguran que la cifra alcanza el doble). Pero la conciencia y la esperanza no ceden.

Y no lo hacen porque pese a lo que muchos expertos difundan, maestros en hipnosis y usurpación,  el maíz sigue recorriendo nuestras venas y con él todas esas prístinas dosis de dignidad rebelde, mástil de bronce de derribar imposible, infusiones de esa dulce hermandad de ojos cerrados y abrazos abiertos, vueltos todos adobe del consuelo infinito. Y así la esperanza resiste. Resiste por sed de una memoria digna que honre la sombra de sus cenizas, por el exilio de silencios que solo conjuran incuria y soledad, por el destronamiento de la hipocresía que bien se ha acomodado en el trono del águila, por la vida, que pese a todos los ultrajes y anatemas, sigue encontrando camino a todo lo largo de esos fértiles suelos mexicanos.

A kilómetros de distancia se oye todavía la súplica de nuestra partera de serpientes emplumadas. Así de convulso y así de hiriente se anuncia la antesala de su sepulcro. Y así de fuerte también resuena el eco de los guerreros que han jurado, entre diamantes viudos y arrecifes sin digerir, amarla y defenderla. 

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