"...¿De donde un pueblo entero se aprieta la barriga
porque sí?
¿De que raíz de rencor,
de cuanta injuria,
de cuanta revancha detenida,
de cuantos sueños postergados
surge la fuerza hoy?
..."

Jaime Sabines

2.14.2012

Un giro al turismo

Bien vendría cambiar las reglas que rigen al turismo moderno.
Cambiar, por ejemplo, la adulación a los circos de mármol o a las fachadas bañadas en oro y espejismos.
Cambiar la admiración a las elevadísimas esfinges de concreto y alardes, o a los flamantes mausoleos que empuñan su desconfianza en los susurros.
Cambiar la seducción por los regimientos residenciales, con sus balcones de abolengo y sus caretas de alfeñique, que solo amargan nuestra fe en la cumbia y en la antorcha que tan humildemente nos obsequiaron las hormigas.

Cambiar, por ejemplo, la idolatría a los castillos, los palacios y otros tantos solariegos recintos, remanentes de la doctrina del yugo y la viruela.
Cambiar la certeza de que el arte hierve mejor en el teatro y mejor se consagra en los museos, convicciones que no demoran en castrar la yunta de la imaginación.
Cambiar el turismo de panfleto y suburbios, de ojos saltones despilfarrando halagos, de ostias de todos los bandos lucrando con el noble alambre de los migrantes.

En fin, cambiarlo todo y empezar a hacer turismo del que cuenta, del que no precisa santiguar tabúes o vendarse el firmamento con heridas maquilladas.
Turismo paciente, turismo y dos puntos, turismo de cartílago y sin santo y seña.
De hombres que andando naufragan.
Que van el silencio con sus dos piernas y sus más de doce torrenciales.
Que aman la grieta y no el encaje.
Que se bañan en la marcha del crepúsculo antes que en la amnesia del jacuzzi.
Que tienen miedo por un rato (en los que les cambia la silueta y el bronceado).
Que se callan y dejan que el silencio les cuente las historias de vencejos y tisanas.
Que se dejan guiar por el polvo gastado de los pedregales.
Que estas dispuestos a perder lo que les queda de farol y abanico.
Que bailan con el negro horizonte hasta que el lábaro se les canse y las campanas se vayan a dormir. 

De eso habló.
Turismo de gente y no de encuadres.
Turismo de instinto y no de agencias de viajes.
Turismo de sexo sin propinas,
de amor te acompaño lo que me dure el sueldo.
Bien vendría.




1 comentario:

  1. Muy buen texto. Comparto tus ideas sobre ese otro turismo. He tenido oportunidad de conocer y estar en contacto con esos viajeros y viajeras que van sin excursiones ni agendas, que realmente quieren conocer al lugar que visitan más allá de los circuitos o sitios obligatorios de recorrer. Es más.... he sido una viajera entre viajeros. Qué privilegio de la vida, es viajar por Latinoamérica y CRECER.

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