"...¿De donde un pueblo entero se aprieta la barriga
porque sí?
¿De que raíz de rencor,
de cuanta injuria,
de cuanta revancha detenida,
de cuantos sueños postergados
surge la fuerza hoy?
..."

Jaime Sabines

2.02.2012

Penitencia de Atavío


Visto una piel arrepentida, cercenada de su lujuria, de su optimismo a fuerza del pérfido cortejo de la rambla bautismal, privada de su hambre de postales ermitañas y circos condimentados con asfalto, de sus ganas de multiplicar nidos de cíclopes (mazmorras de terciopelo para quien ose llevar la cuenta del pecado) a todo lo largo de la costa floral de alianzas.

Es una piel penitente, sometida a un calvario que le es ajeno como el derecho de diéresis o las promesas de gaviota; que responde a la demencia de un corazón acuartelado que embriagado escrituró su porvenir a la mafia de nigromantes que administran el mercado de ilusiones, de asignaturas pendientes, y que ahora toma sitio en algún rincón velado del sótano de las súplicas.

Pero la piel no puede esconderse, no puede evitar el contacto con el dolor cotidiano, con el ácido desdén que emerge de los retazos de nostalgia agonizantes, no puede evitar palpar el desengaño de los apegos de ciencia ficción, los espejismos que conciertan, como manada de aduaneros, la carnada de la eternidad, la migración de todas las horas buenas en que resonaba el bullicio de las cafeteras, y el manto de un amor irrenunciable cubría las fracturas de mi nombre.

Y es así como esta piel esmaltada en un inicuo carmesí prosigue su labor sin condolencias, refugiando más que defendiendo, menos buque que madriguera, con la esperanza de que la noche le devuelva no solo lo que le robó el áureo aguijón del verano sino lo que ayer le prometió un corazón insolente, del que ahora solo quedan jirones y asfixias. 

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