Revienta
aguacero,
con
tu voz gaucha y diocesana,
con
tus vertebras de gimnasia, mortal al frente.
con
tu blues bautista de estirpe plateada,
con
tu barrio marino, casa de la murga fundadora,
con
tu estampida afín a la doctrina del alcázar,
con
tu mano blanda para los recién inmolados,
con
tu húmedo aroma a ébano.
Revienta,
hogar de pirómanos sin ungir,
llanto
de ballenas cosmonautas,
amor
desdeñado por el cemento y los aljibes,
resurrección
vuelta mordisco de pirañas partisanas,
canción
sin afán de lumbrera o abadía,
cardumen
de espejos poliglotas, terapistas de la amnesia,
que
alimentan la única verdad de nuestros huesos.
Enerva
el agrio hierro de las estadísticas cleptómanas,
llévate
los naipes y aranceles que iza la torva alba,
castiga
al ambiguo de rebaño, de pía ubre,
divulga,
con tus besos efímeros e indomables,
la
furtiva primavera de sabotajes y escafandras,
limpia
la herrumbre que yace en el lacre de gaviota,
y
convierte, si es posible, este sigilo de andrajos
en
fausta escollera de pañuelos blancos.
¡Que
tu tridente borre las lágrimas que tapizan el pleamar,
que
el estruendo de tu multitud de tambores resuene
sobre
el ultraje de la nostalgia y el eco barroco de la codicia!
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